En tiempos pasados, la percepción de las personas con trastornos de personalidad por parte de la sociedad era muy diferente a la actual; se les consideraba “locos”, y en muchos casos de veían privados de asistencia médica o la que necesitasen. Como reflexión y aprendizaje de la historia y de los errores del pasado, y ahora que tenemos conocimientos suficientes y hemos salido de la ignorancia de considerarlos como “locos”, no sólo debemos darles la asistencia médica necesaria, sino la asistencia educativa necesaria y de calidad, y también combatir los posibles estereotipos que haya de éste colectivo, y así sea posible la integración.
En la España del año 1985 hubo una reforma psiquiátrica y de atención a la salud, en la que se aplican recursos asistenciales (médicos, farmacológicos, rehabilitadores…) que suponen un gran avance. El papel del educador es variado y tiene muchas y diversas funciones: Diagnosticar dificultades, acompañamiento en la rehabilitación, superación de dificultades, mediador usuario servicios… Como propuesta para desarrollar de una manera completa y eficiente cada una de las funciones, tendremos que hacer un seguimiento importante y profundo, y hacerlo de manera individualizada para ver cuáles son las características concretas de cada uno de los usuarios, y así actuar de una manera determinada adaptándonos a sus necesidades. Otra propuesta personal sería crear lazos importantes entre las familias de los usuarios y la institución o los mismos educadores; así conseguiríamos conocer mucho mejor cuáles son las características del sujeto, y también podríamos dar información de importancia a la familia.
Respecto a los objetivos de la educación social, tiene por objetivo reforzar la autonomía, favorecer la inserción, observar y analizar sus necesidades y favorecer una mejora de su estado emocional. Aquí lo fundamental sería no solo trabajar con el individuo, sino también hacerlo con su entorno y la sociedad (especialmente concienciación) para que el individuo no tenga problemas a la hora de ser admitido en un empleo (más que para que el individuo no “tenga problemas”, sería que el empresario o contratante no se dejara llevar por estereotipos). Si el individuo hubiera estado en situación de desempleo y hubiese conseguido trabajo, sería más fácil potenciar y cumplir el resto de objetivos (como por ejemplo la autonomía, mejora del estado emocional, etc.) que se han planteado.
Como última conclusión, debemos hacernos una pregunta; ¿Es culpable el individuo con trastornos de personalidad, en caso de que lo esté, de su desadaptación? Realmente tenemos que trabajar con el individuo, pero este problema sería un problema social, ya que aunque no nos afecte a todos directamente, todos somos responsables. Debemos eliminar las “barreras” y los estereotipos.
En la España del año 1985 hubo una reforma psiquiátrica y de atención a la salud, en la que se aplican recursos asistenciales (médicos, farmacológicos, rehabilitadores…) que suponen un gran avance. El papel del educador es variado y tiene muchas y diversas funciones: Diagnosticar dificultades, acompañamiento en la rehabilitación, superación de dificultades, mediador usuario servicios… Como propuesta para desarrollar de una manera completa y eficiente cada una de las funciones, tendremos que hacer un seguimiento importante y profundo, y hacerlo de manera individualizada para ver cuáles son las características concretas de cada uno de los usuarios, y así actuar de una manera determinada adaptándonos a sus necesidades. Otra propuesta personal sería crear lazos importantes entre las familias de los usuarios y la institución o los mismos educadores; así conseguiríamos conocer mucho mejor cuáles son las características del sujeto, y también podríamos dar información de importancia a la familia.
Respecto a los objetivos de la educación social, tiene por objetivo reforzar la autonomía, favorecer la inserción, observar y analizar sus necesidades y favorecer una mejora de su estado emocional. Aquí lo fundamental sería no solo trabajar con el individuo, sino también hacerlo con su entorno y la sociedad (especialmente concienciación) para que el individuo no tenga problemas a la hora de ser admitido en un empleo (más que para que el individuo no “tenga problemas”, sería que el empresario o contratante no se dejara llevar por estereotipos). Si el individuo hubiera estado en situación de desempleo y hubiese conseguido trabajo, sería más fácil potenciar y cumplir el resto de objetivos (como por ejemplo la autonomía, mejora del estado emocional, etc.) que se han planteado.
Como última conclusión, debemos hacernos una pregunta; ¿Es culpable el individuo con trastornos de personalidad, en caso de que lo esté, de su desadaptación? Realmente tenemos que trabajar con el individuo, pero este problema sería un problema social, ya que aunque no nos afecte a todos directamente, todos somos responsables. Debemos eliminar las “barreras” y los estereotipos.
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